No habrá para nosotros
ni una patria material ni una patria mental. No serviremos ningún género de
exclusivismos. Es demasiado grande, demasiado amplio, en realidad, sin límite,
el horizonte del querer y del saber humanos para satisfacernos, pobres
mendigos, con las migajas sobrantes del inmenso caudal de los conocimientos y
del enorme excedente de las actividades que la voluntad mueve e impulsa.
Las anteriores palabras fueron publicadas en la revista Natura
en octubre de 1903. Fue su primer número y en el mismo Ricardo Mella, insigne libertario, habla sobre los obreros
intelectuales y los obreros manuales, declarando la hipérbole intelectualista
que era moda entonces y pervive aún hoy. Nos dice que se crea una nueva casta,
una injustificada diferencia social. Dice Mella, y nosotras con él, que es
absurda la distinción de obreros intelectuales y obreros manuales, que como
vamos a acabar con todas las aristocracias y consentir que se alce la
aristocracia de la pluma. Sonroja que palabras escritas hace más de 120 años retumben
tan dignamente. “los señores intelectuales no toleran que se les discuta;
pretenden que se les escuche y se les siga sin crítica; pero el obrero, que no
está para aguantar tan molestas moscas, se las sacude rudamente y prosigue su
camino”.
Para Mella el talento no necesitaba, como ahora, heraldos ni
motes. Una virtud sencilla y modesta vale más que todos los ditirambos de la sabiduría
cursi. Seamos sencilla y modestamente virtuosos.
Para virtuoso León
Felipe y su poesía. Veamos una muestra.